domingo, 1 de enero de 2017

Comenzamos... un nuevo año...


Un nuevo año que comienza, un nuevo año con deseos y sueños en la mente que queremos cumplir... ponemos las expectativas en esos nuevos sueños que a lo largo de este nuevo año  queremos que se hagan realidad... Esta mañana echaba una ojeada a unas anotaciones que tenía sobre los deseos que pedía al comenzar el 2016... y bueno no ha ido tan mal... de 4 se me ha hecho realidad 2... no está nada mal... en estadísticas sería un 50%... y reflexionaba sobre el porqué se me habían hecho realidad... tras duros años de esfuerzo, no solo por mi parte, si no también por la de mi familia lograba conseguir dos grandes sueños que llevaba soñando gran parte de mi vida... y caía en la cuenta de que las cosas no vienen por amor al arte... sino que vienen por el esfuerzo, la perseverancia, el amor, el trabajo, la humildad... valores que desde muy pequeña se me han inculcado... y que creo que hoy en día, en la sociedad en la que vivimos se están perdiendo...

Pido al Señor en este nuevo año que comienza, no perder la esperanza, la alegría por hacer cosas que no solo me ayudan a mí a crecer... sino también a los que me rodean... perseverancia en hacer realizar los sueños que me quedan por cumplir... pero sobre todo pido trabajo para conseguir llegar a alcanzar cada uno de ellos... porque como dice el refrán... "A Dios rogando y con el mazo dando"



En el día de hoy también quiero compartir las palabras que nos dirigía el papa Francisco en el Ángelus de esta mañana... que sepamos aprender de la humildad y de  la sencillez del Papa, que en su vida se puede descubrir la figura de Jesús...

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En los días pasados hemos puesto nuestra mirada venerante sobre el Hijo de Dios, nacido en Belén; hoy, Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, dirigimos nuestros ojos a la Madre, pero manteniendo ambos en su estrecha relación. Esta relación no se agota en el hecho de haber generado y en haber sido generado; Jesús “nacido de mujer” (Gal 4,4) para una misión de salvación y su madre no está excluida de tal misión, al contrario, está asociada íntimamente. María es consciente de esto, por lo tanto no se cierra a considerar solo su relación maternal con Jesús, sino permanece abierta y atenta a todos los acontecimientos que suceden a su alrededor: conserva y medita, observa y profundiza, como nos recuerda el Evangelio de hoy (Lc 2,19). Ha ya dicho su “si” y ha dado su disponibilidad para ser involucrada en la actuación del plan de salvación de Dios, que “dispersó a los soberbios de corazón, derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes, colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,51-53). Ahora, silenciosa y atenta, trata de comprender que cosa Dios quiere de ella cada día.
La visita de los pastores le ofrece la ocasión para captar algún elemento de la voluntad de Dios que se manifiesta en la presencia de estas personas humildes y pobres. El evangelista Lucas nos narra la visita de los pastores a la gruta con una sucesión incesante de verbos que expresan movimiento. Dice así: ello fueron sin esperar, encontraron al Niño con María y José, lo vieron, y contaron lo que de Él les habían dicho, y finalmente glorificaron a Dios (Lc 2,16-20). María sigue atentamente esta visita, que cosa dicen los pastores, que cosa les ha sucedido, porque ya entre ve en ellos el movimiento de la salvación que surge de la obra de Jesús, y se adecua, lista para todo pedido del Señor. Dios pide a María no solo ser la madre de su Hijo unigénito, sino también cooperar con el Hijo y por el Hijo en el plan de salvación, para que en ella, humilde sierva, se cumpla las grandes obras de la misericordia divina.
Y aquí, mientras los pastores, contemplan el icono del Niño en brazos a su Madre, sentimos crecer en nuestro corazón un sentido de inmenso reconocimiento hacia Ella que ha dado al mundo al Salvador.


 FELIZ 2017!!

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